La comunicación en la animación

A pesar de ser una de las producciones mediáticas más crecientemente difundidas, el anime
es aún poco conocido en la academia argentina. Si bien una excepción es el trabajo de Vanina
Papalini, su libro Anime. Mundos tecnológicos, animación japonesa e imaginario social2 no consideró como
dato fundamental “la cultura en la que estos productos tienen origen” (PAPALINI:2005, p. 201).
De todos modos, el primer capítulo es “Breve historia del manga según Occidente”, en donde el
“fondo” que constituye Japón “se erige por un momento en figura” (Ibídem, p. 27). En este punto,
es similar al trabajo de Renato Ortiz Lo próximo y lo distante, en donde inscribe a Japón como caso
ejemplar del proceso de mundialización. Su postura es que no tiene relevancia hoy el origen
nacional de cada producto, sino que existe una cultura “internacional-popular”, en donde Dragon
Ball no es japonés así como Los Simpsons no es norteamericano. Sin embargo, es posible discutir
este punto en particular, sobre todo porque no se trata de un análisis específico ni existe suficiente
bibliografía empírica que lo demuestre.
también los productores de anime saben cuando utilizar la tradición
cultural japonesa para dotar a sus historias de la fantasía necesaria. Pero si este es un movimiento
unidireccional de difusión del mensaje, también es cierto que existe una conciencia cada vez mayor
de realizar productos para un público global. En esto se define buena parte del fenómeno de la
interculturalidad, pero también en que la producción audiovisual “es un lugar clave de la
comunicación intercultural mediática. Los públicos se apropian, a partir de sus patrones culturales locales, de productos transnacionales creados, frecuentemente, a partir de referentes culturales
distintos” (RODRIGO: 2003, p. 3). Es aquí donde, tanto desde la comunidad nikkei como la otaku,
puede pensarse la construcción de una cultura -mestiza- niqueyeña.
De este modo, la interculturalidad puede entenderse como resultado de la crisis de la
modernidad como proyecto universal de homogenización de la cultura. Y si para algunos la
juventud se aliena o se degrada en el consumismo del anime, para otros es posible pensar que se
trata de una formación discursiva “en sincronía con la sensibilidad de los jóvenes”, pensados como
actor de cambio en la “reconfiguración de lo imaginario social” (PAPALINI: p. 82). En este punto,
las historias con sus personajes son referentes comunes, que permiten crear una nueva comunidad
imaginada global, fundada así en un amplio diálogo intercultural.
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